Recopilado por: Dra. Masiel Matera
Gracias a Dios no todo está perdido, siempre podemos mejorar y reparar la relación con nuestros hijos adultos, como afirma el Dr. Lynch: “Puede que como padres tengan que asumir parte de la responsabilidad de este fracaso, pero es corregible. Dios les da herramientas bíblicas para sanar y mejorar las relaciones” (2013:5).
Es tan importante buscar siempre la solución de la mano de Dios, escudriñar en su palabra, buscar el consejo de los hermanos en Cristo y de personas sabias en la palabra. Personalmente, en los momentos de mayor crisis, la oración ha sido mi arma de guerra fundamental, pero también lo ha sido mi tiempo a solas con Dios, los estudios bíblicos y reuniones con mis hermigas (hermanas y amigas en Cristo) de Los Navegantes, asistir a las reuniones del ministerio del grupo de apoyo VCV, asistir a los talleres dictados en la Comunidad cristiana de fe y los materiales del Dr. Lynch, específicamente este libro Reparando las cercas de los corazones heridos, el cual no termino de leer aún, han sido herramientas fundamentales mediante las cuales Dios me ha ido quitando velos para revelarme cómo quiere él que me relacione con mis hijos adultos.
Dios quiere una verdadera relación de adulto a adulto en la que mi salud emocional no dependa de las actitudes y actuaciones de mis hijos, ni ellos se sientan manipulados ni obligados a satisfacer mis necesidades emocionales. Por eso es tan importante fijar nuestra mirada en Dios, pues “(…) nadie es responsable por su estabilidad emocional sino uno mismo, y el único que puede llenar su vacío es Dios (…)” (Lynch;2013:114).
Poner la vista en las cosas de Dios y enfocarnos en él nos hace libres de la dependencia emocional de los hijos al mismo tiempo que los libera a ellos y, en consecuencia, la relación mejora.
Hay cambios fundamentales que debemos aceptar. Por ejemplo, que la sociedad en la que nuestros hijos se desenvuelven es muy diferente de la sociedad en la que nosotros crecimos; incluso, situaciones bíblicamente establecidas como inaceptables, hoy en día, son absolutamente normales y todas estas cosas ejercen influencia sobre nuestros hijos, lo que los lleva a sentir, pensar y actuar de manera muy distinta a como nosotros esperamos que lo hagan.
Es muy doloroso, al menos para mí lo ha sido, entender que “Dejar de lado sus expectativas de cómo se suponía que sus hijos se independizaran, significa que tienen que aceptar la realidad de que sus hijos nunca serán lo que esperaban que fuesen” (Lynch; 2014:79). No es que no podemos esperar que nuestros hijos sean personas de bien, no se trata de eso, el problema está más bien cuando nosotros esperamos que ellos sean y hagan todo tal cual como lo hemos planeado sin siquiera consultárselo. Lo que nos queda es volver a mirar al Señor y descansar en él, confiar en que las bases bíblicas que sembramos en ellos darán sus frutos en el tiempo de Dios, con sus propios ideales, sueños, aciertos y errores. Dios es quien los cuida y los guía, y en la medida en que ellos se dejen guiar por Dios el proceso será más fácil o más difícil.
Creo que lo importante es aprender a aceptar y apreciar a nuestros hijos como son, entregar todas nuestras expectativas y sueños sobre ellos en las manos de Dios, pelear nuestra batalla en oración y descansar en la voluntad del Señor para ellos.
Otro aspecto que se hace prioritario entender es que nuestro rol con respecto a ellos ha cambiado. Plantea el Dr. Lynch que “Una de las raíces del problema (…) era el rol de ser cuidadoras y el sentimiento de ser necesarias; y esto puede ser adictivo” (2013:119). Aquí estoy totalmente reflejada. Ciertamente, puedo decir que soy adicta a ser cuidadora de mis hijos adultos y a hacerme necesaria para ellos. Para mí fue muy duro darme cuenta de que ya no los estoy criando como cuando eran niños, ya no puedo estar encima de ellos para todo, ni mucho menos pendiente de cada detalle de ellos. Es importante entender que como padres debemos cambiar la perspectiva “(…) desde padres hacia mentores, guías y amigos sabios” (Lynch;2013:11). Es decir, evidentemente, siempre seremos sus padres, solo que ya no podemos tenerlos amarrados a nosotros como cuando eran niños.
Algo que me inquietaba mucho era el hecho de que son adultos, pero aún dependientes de nosotros sus padres y que por lo tanto debían obedecernos y seguir al pie de la letra nuestras normas. Déjenme decirles que me costó muchísimo comprender que no es así.
Hasta ahora he aprendido que:
1. Debo respetar su espacio y su privacidad.
2. Que lo mejor es establecer límites sanos de mutuo acuerdo los cuales deben ser respetados por todos.
3. Estoy aprendiendo a no rescatarlos.
4. A dejar que experimenten las consecuencias de sus errores.
5. A entender que no puedo darles un consejo si ellos no lo piden o si no me permiten dárselo.
6. Así como a resignarme a que no pongan en práctica el consejo una vez que han permitido que se los dé.
7. Incluso, a cuidar las palabras y expresiones corporales que utilizo cuando hablo con ellos.
** Considero que algo esencial es aprender a identificar cuáles son nuestras conductas que detonan la ira en la relación con nuestros hijos y viceversa, para poder utilizar las herramientas y recursos adecuados que permitan suavizar y, por qué no, eliminar estos detonantes para que la relación mejore, pero siempre bajo la cobertura de Dios.
Sé que reparar las cercas de los corazones heridos es un proceso y que todavía me falta mucho por aprender, sin embargo, algo que sí puedo afirmar con seguridad es que aprendí que:
** Mi círculo de responsabilidad no es cambiar el corazón de mis hijos, eso es parte del círculo de responsabilidad de Dios, y lo que sí está en mi círculo de responsabilidad es: “(…) ser obedientes para vivir y compartir sin tomar en cuenta si la otra persona cambia o deja de cambiar. (…) plantar y regar. (…) influenciar (…). Nos corresponde hacer lo que Dios nos ha instruido hacer, para resolver estas situaciones y luego confiar en Dios por la fe y por el cambio.” (Lynch;2015:126-128)
Referencias
Lynch, C. (2013) Reparando las cercas de los corazones heridos. Diez claves para una mejor relación con sus hijos adultos. Editorial GRAPHE, Venezuela
Lynch, C. (2015) ¿Puedo resolver este conflicto? ¡Claro que sí! Editorial Graficas M.R.M. C.A.
