Recopilado por: Dra. Masiel Matera
En el proceso de reparar la cerca de un corazón herido
El Dr. Lynch, en su libro Reparando las cercas de los corazones heridos. Diez llaves para una mejor relación con sus hijos adultos, establece “(…) las tres cualidades que definen la edad adulta: el poder de decidir, asumir sus responsabilidades y correr con las consecuencias” (2013:4). Estos son derechos inherentes a la edad adulta. Sin embargo, ¿a cuántos de nosotros se nos ha hecho difícil aceptar esta realidad?, ¿Cuántos de nosotros pensábamos que teníamos todo fríamente calculado con nuestros hijos adultos?. Teníamos pautas establecidas, tales como como: “cumplen 18 años y voy dándoles la libertad poco a poco” o “aunque sean mayores de edad, mientras dependan de mí, tienen que hacer lo que yo digo y punto”. Pero, de pronto, surgen situaciones inesperadas, que adversan totalmente nuestro sistema de creencias y el frío cálculo se desconfigura porque, naturalmente, los hijos adultos quieren hacer uso de sus derechos legítimos a decidir aunque se equivoquen, responsabilizarse por esas decisiones y asumir las consecuencias. En otras palabras, sentirse realmente adultos, pues con algunos funciona nuestro sistema de creencias y con otros no.
Es entonces cuando comienza el caos y la tirantez en la relaciones. Sentimos que nuestros hijos adultos no agradecen todo lo que hemos hecho por ellos (trasnochos, sacrificios) a lo largo sus vidas y que no escuchan nuestros consejos. Nos cuestionamos, por ejemplo, “si hubiese sido más estricta con ellos”, “si hubiese sido más complaciente”, “¿en qué me equivoqué?”; a veces adoptamos posturas de autoritarismo intransigente o de libertad extrema por temor a empeorar la situación. En fin, nos negamos absolutamente a perder el control que teníamos sobre ellos cuando eran niños.
Realmente nos resistimos a aceptar que nuestros hijos pueden pensar de manera distinta a nosotros y que pueden tomar decisiones alejadas de lo que nosotros pensamos que es lo correcto. Entonces sucede lo que claramente apunta el Dr. Lynch. “Cuando un grupo de (padres) adultos niega a otro grupo de (hijos) adultos su derecho a decidir, asumir sus responsabilidades y vivir sus consecuencias, el conflicto seguirá obligatoriamente” (2013:4).
El Dr. Lynch (2013) explica que un aspecto fundamental es que los padres debemos alentarnos al reconocer que hicimos lo mejor que pudimos con la información que teníamos. Ciertamente, en la mayoría de los casos, no recibimos un entrenamiento para ser padres mayor que lo observado en nuestros padres, a veces en nuestros mentores. Muchas veces, estos modelos copiados se mezclan con nuestras propias experiencias sobre los sentimientos que experimentábamos como hijos cuando nuestros padres tomaban ciertas decisiones sobre nosotros y ahora, como padres, tratamos de cambiar un poco esos modelos para adaptarlos a la realidad de la sociedad en que se desenvuelven nuestros hijos.
Algunas veces, estos cambios redundan en excesivo control, sobreprotección y complacencia (como en mi caso particular) y no nos damos cuenta de que esto ocasiona que se acumule ira en nuestros hijos, la cual en algún momento saldrá a relucir. Para mí, resulta obvio que el mejor momento es cuando llegan a la edad adulta. Por otro lado, también hay que entender que si a muchos de nosotros nos produce temor la adultez de nuestros hijos, también a ellos los atemoriza equivocarse en la toma de decisiones y que luego los rechacemos por sus errores y tener que enfrentar sus consecuencias y asumir su responsabilidad. Esto también puede desencadenar ira en ellos y otros hábitos como pereza o vicios.
Referencias
Lynch, C. (2013) Reparando las cercas de los corazones heridos. Diez claves para una mejor relación con sus hijos adultos. Editorial GRAPHE, Venezuela
Lynch, C. (2015) ¿Puedo resolver este conflicto? ¡Claro que sí! Editorial Graficas M.R.M. C.A.