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Que hacer con la depresión – Parte 3/3

Recopilado por Dra. Marie Stevens.   Adaptado por María Eugenia Peña de Bautista

 

Consejos y recomendaciones para reflexionar

      ·  Evitar estar a solas. Buscar gente con quien puedes estar.

      ·  Escuchar música de alabanzas a Dios y cantar.

      ·  Salir a caminar.

      ·  Estar quieto delante de Dios y tratar de escuchar Su voz y presencia.

      ·  Buscar ayuda de otros cristianos.

      ·  Alabar a Dios y dale a Él las gracias.  

      .  Poner tu esperanza en Dios.

       «Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18).  Reconocer y renunciar a pensamientos negativos y cambiarlos por cosas positivas que agradan a Dios.

        «¿Por qué te abates, alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarlo, salvación mía y Dios mío!» (Salmos 42:5).

        «Tú que eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? (Salmos 43:2).

        «Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él hará derechas tus veredas» (Proverbios 3:5-6).

        «Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo» (Romanos 15:13).

«Regocijaos en el Señor siempre.  Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres.  El Señor está cerca.  Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Filipenses 4:4-8).

         «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo.  Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:6-7).

         «Aunque las cosas de la vida pueden ser muy difícil, los cristianos evangélicos pueden evitar una depresión profunda.  Que estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no destruidos» (2 Corintios 4:8-9).

         «Por tanto, no desmayamos; antes, aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día, pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Corintios 4:16-18).

Toda Escritura tomada de la versión Reina-Valera 1995 (RVR1995)

Cosas en que pensar como cristianos.

  • La depresión es una condición real y no indica en ninguna forma que la persona tiene un desorden espiritual o una disfunción emocional.

    Muchos hermanos, de buena voluntad, quieren ayudar por medio de la intervención, ofrecen apoyo espiritual para tratar de arreglar la condición.  La depresión no es tan sencilla de sanar.  No quiere decir que el hermano o hermana está de caída espiritual.  Es una situación médica y requiere atención profesional.  Sí, se puede orar por la persona sufriendo, pero no es suficiente.  La persona sigue con su fe en el Señor a pesar de su estado de ánimo.  La depresión indica que algo no anda bien.  Hay muchos factores, que están mencionados en este artículo, que le pueden ayudar.  A la vez, un desorden de la depresión o enfermedad mental requiere la intervención de un médico.

  • Una enfermedad mental no es pecado.

    Sí, hay pecados en el pasado que contribuyen al estado de la depresión como abuso físico, abuso de sustancias, y negligencias. Estas cosas pueden llegar a ser mecanismos de defensa que utilizan para aliviar su aflicción. Hay que encontrar la raíz de la enfermedad y buscar la mejor forma de tratamiento que es necesario para la sanidad.

  • La Biblia no provee respuestas fáciles.

    Lo que hemos visto es que muchas personas bíblicas también sufrieron del estado depresivo.  No hay una sola respuesta para todos.  La Biblia está llena de versículos de sabiduría y aliento que nos da alivio y nos hace recordar de la grandeza de Dios y Su amor y que Su mano está extendida para levantar nuestro ánimo.  No hay nada imposible para el Señor y Él indicará cuál es la mejor manera de recibir ayuda.

  • Nadie escapa de la ansiedad y la depresión.

    Los síntomas no parecen igual en cada caso.  Con el estigma que existe en la iglesia evangélica hacia estas enfermedades los que sufren prefieren esconder su estado por no aparentar su «debilidad».  Los que aparentemente están felices todo el tiempo, sí tienen sus tiempos de tristeza, dolor y desánimo.  La apariencia nos engaña.

  • Nadie en la iglesia puede arreglar la depresión.

    Cristo vino para sanar a los enfermos.  Nos toca como el cuerpo de Cristo proveer y apoyar a la gente  que tiene problemas de depresión.  Hay recursos en la iglesia y afuera que son recomendables para recuperar a los que se encuentran en el hoyo del desánimo.